miércoles, 7 de julio de 2010

La Cura para la codependencia (parte 7):La Culpa

Hubo un tiempo en que cada ser que poblaba este planeta: rocas, plantas animales y humanos vivían en estrecha convivencia. Cada cual sabía que la finalidad de compartir, otorgaba la verdadera importancia a la propia existencia, lo diverso era divertido, y las alianzas se basaban en mutua confianza.

Todavía no se ha encontrado explicación a este cambio tan espeluznante. Poco a poco aquella sociedad, -hoy considerada como una utopía-, devino en algo tan complicado, difícil y advenedizo, como la que conocemos en la actualidad, todo debido a un agente contaminante llamado "culpa" que ha invadido el planeta y ha envenenado las relaciones humanas.

La culpa se ha convertido en un artilugio de tortura y sometimiento, desde que alguien (¿?) la inventó para imponer un mapa único de percibir el mundo (el suyo, claro), convirtiendo en barbacoa a todos los que le cuestionaban. Pasarse la culpa unos a otros se ha convertido en el deporte favorito, que ríete tú del fútbol y, también, el más reverenciado, ahí tenemos a nuestros políticos, sin ir más lejos.

En realidad nadie ha visto jamás ni una sola culpa en su vida y pese a que la ciencia no ha encontrado ni rastro de su ADN, ni tampoco en el genoma humano, todos creen fervientemente en ella; nadie sale de casa sin una culpa que dar, y atento a las culpas que le van a dirigir.

Todo esto da que pensar, porque, al contrario de otras posesiones que dan prestigio, la culpa da prestigio a quien no la tiene. Entonces, digo yo, si no tener culpa da prestigio, lo mejor es no tomarla, así se evita uno encontrarse con la tesitura de tenerse que librar de ella "colgándosela" a los demás: al sistema, al gobierno, al jefe, al vecino, a la familia, al perro o al canario.

Eso, además de resultar aburrido, -todo el mundo juega a lo mismo y de la misma manera -, es muy delatador, le pone a uno en evidencia, le desprestigia, porque al pasar la culpa a los demás es señal inequívoca de que se tiene.

En mi opinión, por mucha tradición que sea, no es nada rentable codearse con algo tan retorcido como la culpa. Se precisa un derroche innecesario de energía.

Otra cosa, sin embargo, es la responsabilidad, que según mi diccionario significa: Habilidad de Respuesta. Ergo, una persona responsable es aquella que sabe dar respuestas con acierto, destreza, diplomacia, discreción, ingenio, maestría, pericia, sagacidad, soltura, tacto.

Según estas definiciones, mientras que la culpa esclaviza, la responsabilidad hace libre al ser humano. ¿No es fantástico este descubrimiento?

Además, las personas culpatrices están demasiado ocupadas en auto castigarse por sus errores, que les impide emprender cualquier acción que repare o compense, los daños que éstos hayan causado, y, para protegerse de su propio castigo, suelen pasar "su culpa" a los demás, que, como pelota de ping-pong, no permiten que caiga al suelo.

Las personas responsables, aprenden de sus equivocaciones y a diferencia de aquellos otros, se consideran libres de decidir sobre su propio destino, corren riesgos y se entregan a la experiencia sacándole todo el jugo. No necesitan pasar sus responsabilidades a otros y tampoco asumen las que no les corresponden.

Si pudieras elegir, ¿con cual de los dos grupos querrías que se te asociasen?. ¿Te imaginas un mundo sin culpables y lleno de personas responsables? ¿Tú qué harías?

¿Cómo querrías que la gente te reconociera, como culpatriz o como responsable?. ..................Tú mismo.

Anonimo.

El desapego: Vivir como las flores

- Maestro, ¿qué debo hacer para no quedarme molesto?... Algunas personas hablan demasiado, otras son ignorantes. Algunas son indiferentes.Siento odio por aquellas que son mentirosas y sufro con aquellas que calumnian.
- ¡Pues, vive como las flores!, advirtió el maestro.
- Y ¿cómo es vivir como las flores?, preguntó el discípulo.
- Pon atención a esas flores -continuó el maestro, señalando unos lirios que crecían en el jardín.
Ellas nacen en el estiércol, sin embargo son puras y perfumadas. Extraen del abono maloliente todo aquello que les es útil y saludable, pero no permiten que lo agrio de la tierra manche la frescura de sus pétalos.
Es justo angustiarse con las propias culpas, pero no es sabio permitir que los vicios de los demás te incomoden. Los defectos de ellos son de ellos y no tuyos. Y si no son tuyos, no hay motivo para molestarse...

El dolor: Las perlas

Las perlas son producto del dolor... resultado de la entrada de una sustancia extraña e indeseable en el interior de la ostra, como un parásito o un grano de arena. Cuando éste penetra en la ostra, las células de nácar comienzan a trabajar y cubren el grano de arena con capas y capas y más capas de nácar para proteger el cuerpo indefenso de la ostra. Como resultado, se va formando una hermosa perla.
Una ostra que no ha sido herida, no puede producir perlas porque las perlas son heridas cicatrizadas...
¿Tienes una herida que te causa mucho dolor? Entonces produce una perla. Cubre cada una de tus heridas con varias capas de amor. La mayoría sólo aprende a cultivar resentimientos dejando sus heridas abiertas... alimentándose con sentimientos pobres, que impiden que las lesiones cicatricen.
En la vida vemos muchas “ostras vacías” no porque no hayan sido heridas, sino porque no supieron perdonar, comprender y transformar un dolor en amor. Vale la pena sonreir ante las heridas que recibimos como un medio de crecimiento personal.

La paciencia: Las pausas

En la pausa no hay música, pero la pausa ayuda a hacer la música.
En la melodía de nuestra vida la música es interrumpida aquí y allá por “pausas”... Y nosotros, sin reflexionar, pensamos que la melodía terminó.
A veces, Dios nos envía un tiempo de parada forzada. Puede ser una prueba, planes fracasados, o esfuerzos frustrados. Y hace una pausa repentina en el coro de nuestra vida. Nos lamentamos que nuestra voz tenga que callarse, y tenga que faltar nuestra parte en la música que sube hasta los oídos del Creador.
Pero, ¿cómo es que el maestro lee la pausa? Él continúa marcando el compás con la misma precisión y toma la nota siguiente con firmeza, como si no hubiese habido interrupción alguna.
Dios sigue un plan al escribir la música de nuestra vida. Nuestra parte debe ser aprender la melodía y no abandonar en las “pausas”. Ellas no están allí para ser pasadas por alto o ser omitidas, ni para perturbar la melodía o alterar el tono.
Recuerda además que la pausa no dura mucho… ¡apenas sirve para continuar la melodía!

La generosidad: La propina

En los días en que un helado costaba mucho menos, un niño de diez años entró en una heladería y se sentó a una mesa.
-¿Cuánto cuesta un helado de chocolate con almendras?- pregunto el niño.
- Cincuenta centavos – respondió la camarera.
El niño sacó su mano de su bolsillo y examinó un número de monedas.
- Y ¿cuánto cuesta un helado solo? - volvió a preguntar.
Algunas personas estaban esperando por una mesa y la camarera ya estaba un poco impaciente.
- Treinta y cinco centavos - dijo ella bruscamente.
El niño volvió a contar las monedas…
- Quiero el helado solo - dijo el niño.
La camarera le trajo el helado, y puso la cuenta en la mesa y se fue.
El niño terminó el helado, pagó y se fue.
Cuando la camarera volvió, ella empezó a limpiar la mesa y entonces le costó tragar saliva con lo que vio: allí, puesto ordenadamente en el plato vacío, había quince centavos... su propina.